(Salón de escuela. Dos amigos, sentados en un mismo pupitre, conversan mientras esperan a que llegue la profesora)
¡Escuchá, escuchá esto que te vas a morir de la risa! Estábamos en casa poniendo la mesa cuando viene mi papá y…
Ajá…
Y entonces empieza a hablar, diciendo “Yo nunca tuve muchos logros en la vida…”. Igual, no te asustés, porque siempre que dice algo que parece serio, esconde algún chiste o algo gracioso…
Ajá…
Bueno, la onda es que después dice “… Solamente logré tener a Laura…” o sea, mi mamá… “Y a estos vástagos…” ¡Obviamente, lo dijo en chiste!
Ajá…
Y entonces pasan, no sé, dos días… Y estábamos en casa mirando una película y comiendo pizza, y se había acabado la gaseosa, entonces digo “Voy a comprar una gaseo… ¿Quieren algo?” les pregunto…
Ajá…
Y mi papá dice “Ya que estás, traete una cerve…” pensando que no lo iba a hacer porque no me había dado el envase, y como sorpresa le compro una…
Ajá…
Y me dice con cara de feliz cumpleaños “¡Me trajiste una!... ¡Mi hijo!”, entonces yo le digo “Claro, siempre soy tu vástago, pero cuando te traigo una cerveza soy tu hijo, ¿no?”…
Ajá…
Y me dice “Ahora nos estamos entendiendo”. ¡Jajajajaja! ¡Qué zarpado!
…
¿Qué pasó? ¿No lo entendiste?
Me lo contaste un millón de veces…
Ah… Hacé de cuenta que te lo conté recién…
…
¿Y? ¿No te reís igual?
No me pareció gracioso…
¿Por qué? Yo siempre que contás algo, me río, aunque no sea gracioso… Solo para no hacerte quedar como un imbécil…
Qué querés que te diga… No me hizo reír… Debe ser porque me lo contaste mil veces, y ya perdió la gracia… De última, hacete un blog con anécdotas tuyas, ahí todo el mundo las va a poder ver sin que se harten de que se las repitas…
Y así nació Pelusas de Bolsillo
