sábado, 11 de febrero de 2012

Yaguie

Los que me conocen sabrán que no soy un amante de los perros. Soy de esos cobardes que son capaces de cruzar la calle (o porqué no, de dar la vuelta a la manzana) para evitar pasar por delante de uno de estos animales, sin importar su tamaño o raza.
Me he visto enroscado en problemas con perros: me mordieron, me persiguieron, hasta me orinaron encima. ¡Parece que hablo de mafiosos, pero es la verdad! Me dirán “Ellos te ladran porque les tenés miedo”. Al principio no fue así, me ladraban porque sí (cosas de perros, vaya uno a saber) y de ahí les agarré miedo. Ahora, si me ladran, tendrían razón.
Irónicamente, mi casa siempre fue y será una veterinaria enorme. No me alcanzan los dedos para contar la cantidad de perros, perritos y otros bichos que tuvimos.
Pero nunca me voy a olvidar de un perro, de uno que sí me quería: Yaguie.
Yaguie era un perro raro: era como un gran danés por la altura y estirpe, pero era muy delgado y corría rapidísimo como ningún otro, como un galgo. Era totalmente negro, y al trotar parecía un caballo. Era muy lindo de ver. Aunque era callejero, las marcas en sus piernas lo mostraban, y no soportaba estar en casa todo el día. Una de sus virtudes es que siempre encontraba nuestra casa, sin importar a dónde se iba, él volvía. Es más, nos perseguía kilómetros caminando, y volvía lo más campante.
Nos acompañaba a todos lados. Cuando iba al colegio, él iba conmigo, y todos los chicos lo acariciaban. Era un perro muy amigable, todos lo querían, y en el barrio era conocido por meterse en las casas ajenas (lo entrenamos para que haga sus “asuntos” en casa de mis vecinos, al mejor estilo Casados con hijos).
Aunque también era un poco torpe. Lo he visto dormirse parado y caerse de costado, ladrarse a sí mismo cuando se veía a un espejo, jugar con botellas de gaseosa y molestar a los gorriones.
Para cuando nos mudamos a otra casa, él ya tenía 16 años aproximadamente. Y se notaba que la edad le pesaba mucho: ya no corría, no ladraba como antes y le dolían los huesos. Semanas después, no podía caminar. Las piernas no tenían fuerza. Era estremecedor verlo tratándose de levantar, temblar, caerse; y volverse a levantar.
Días después, murió. Fue muy difícil reaccionar, él estuvo durante toda mi niñez, saber que se había ido nos dolió mucho a todos.
Siempre voy a recordar sus latigazos con la cola, cuando iba sólo en la oscuridad y me sorprendían sus ojos brillantes, llenos de luz, aunque su cuerpo no se veía. Y aunque tengamos otros perros ahora, ninguno va a ser igual que Yaguie.


3 comentarios:

  1. Todos tenemos un perro que recordaremos x3 hoy hace tres meses que se murio el mio...y me pasa lo mismo...siempre lo recordare :D (posdata que bueno que regresaste al blog!)
    atte.: pablo juan...gabriel :P

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  2. Es muy lindo tener un recuerdo de nuestros amimales, es lindo lo que compartes.
    Y para serte sincera a mi hermano le pasa lo mismo que a vos también le ladran los perros y solo a él y como dices vos vaya uno a saber el por que se ensañan los animales solo con uno.
    Es muy lindo lo que cuentas de tu perro Yaguie

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  3. Que genial luca, despues ponemos una foto de el! :D :Facu:

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